martes, 28 de junio de 2022

'Duelo de alfiles', de Vicente Valero

Les habrá resultado evidente desde el principio que el ritmo de publicaciones del blog no podría seguir el paso de la programación semanal del Polillas al anochecer en la radio. Es lo que tiene el amateurismo aspiracional de esta época del capitalismo: intentamos ser productivos todo el rato 24/7 y no nos importa no cobrar. Por amor al arte, dicen. Lo malo que, en mi caso, es así. Por eso, ya hace tiempo que renuncié a reseñar todas las novelas que leo en el blog: no me da el tiempo, y cuando dispongo de él me apetece (aunque les parezca inconcebible) hacer otras cosas. O no hacer nada.

Sea como fuere, hay algunas obras como Austerlitz o Los anillos de Saturno, de W.G. Sebald, que bien merecerían no solo un articulo, sino una monografía entera. Como es también el caso de Fuga sin fin, de Joseph Roth. O Misterios, de Knut Hamsun Lecturas todas que me han proporcionado un gran placer, y que me recuerdan que cuando leo algo bien escrito y bien pensado no solo disfruto sino que también conozco. Pues que conste, y anoten.


                                                                                               

  Abandonando este momento solipsista para centrarnos en asuntos mas comunitarios, como la creación en Las Palmas de Gran Canaria de un ateneo cuyos objetivos me resultan un tanto vaporosos. Me suena a aquello de "llevar la cultura a los barrios", llevar la Ilustración a las masas ignaras, y cosas así. Entusiastas parecen sus promotores/as, no obstante. Veremos qué hacen y si dura. En todo caso, la estética comienza a fallar. Es posible que otorgar la presidencia de honor a Jerónimo Saavedra se haya debido a razones pragmáticas, al igual que la presencia de expolíticos, el alcalde, el rector de la ULPGC, etc.: esa sería la necesaria disculpa. En todo caso, tiene un tufo institucional que asfixiará, me atrevo a pronosticar, cualquier iniciativa o reflexión interesante, si por interesante entendemos rupturista o algo parecido, si surgiera.

Y, bueno, vamos a lo nuestro:




Este libro es la respuesta a una petición pública de sugerencias planteada hace ya más de un año: consecuencia de una agenda surtida de nimiedades magnificadas y urgencias evitables. Al fin, hice caso al recomendador, lo que se sustancia hoy: Duelo de alfiles, de Vicente Valero.

El libro comienza con una frase magnífica y larguísima, un ejercicio de hipotaxis que hubiera regocijado a Sánchez Ferlosio. Es de lamentar (al menos, yo lo lamento), que el autor no siguiera por esa vía permanentemente y creara un libro tan enmarañado sintácticamente como sus viajes por Europa, que es (ese deambular, ese flaneurismo filosófico-literario-ajedrecístico) de lo que va este libro.

Así, pese a que Valero no quiso complacerme con el estilo bernhardiano al que por breves momentos me preparé, la novela está muy bien escrita, con predominio de la frase larga y del párrafo denso y extenso. También la temática suscita interés: se nos narran viajes a varios países europeos, donde no es que le ocurra gran cosa al protagonista, pero conoce a personas y vive situaciones que le sirven de excusa para rememorar otros sucesos. Así que, a modo de entrelazamientos junquianos, se relacionan eventos del presente con los del pasado, personajes actuales con otros fallecidos, y en los que el ajedrez está de un modo u otro presente. Así, desfilan, aunque no militarmente, por Duelo de alfiles Franz Kafka, Friedrich Nietzsche, Walter Benjamin, Bertolt Brecht o Rainer Rilke. Suecia, Dinamarca, Italia o Suiza son los países por los que nuestro flâneur, que, además, se dedica a la poesía y da conferencias, etc., ya por trabajo, ya por ocio inquieto, incursiona.


Para Brecht, las narraciones de Kafka son, desde este único punto de vista, las de un hombre fracasado, pero no así para Benjamin, como queda claro en su ensayo, pues la contextualización política de su literatura no dejaría de ser sólo un aspecto más, y ni siquiera el más importante, que tener en cuenta: su amplio y nada dogmático punto de vista le permite discurrir sobre el escritor de Praga por aquellos muchos otros terrenos por los que le gustaba transitar, desde el estrictamente literario hasta el filosófico o místico, logrando crear un texto de gran belleza, tejido con hilos de muy diversas texturas y procedencias desde el Talmud al Quijote, desde los hermanos Grimm al cine, que conforman un fértil entramado (fértil siempre me ha parecido el adjetivo que mejor define los escritos de Benjamin en general: abona con nuevas semillas interpretativas todos los temas que aborda) con el que, sobre todo, poder mostrar la fuente inspiradora de Kafka, los caminos extraños, a menudo inextricables, que conducen a esa misma fuente. (Págs.34-35)


Mi primer impulso, después del saludo, fue darme la vuelta y salir de la cafetería, pero todavía no me había quitado de encima el frío de la calle y, por otra parte, mi curiosidad por aquellas partidas de ajedrez ya se había avivado, así que lo que hice fue quedarme allí y ponerme a mirar cómo jugaban. A los pocos minutos, Detlef acabó con su contrincante -de manera despiadada, por cierto, con un pavoroso ataque de alfiles y peones sobre el enroque rival- y me invitó a jugar con él. Acepté sin pensármelo mucho, pues hacía casi un año que no jugaba una partida, y perdí dos veces, primero con blancas, después con negras, primero con una apertura española, después con una defensa siciliana. Entre una partida y otra, Detlef me contó que su padre había sido compañero de colegio de Bertolt Brecht y que ambos habían aprendido a jugar al ajedrez juntos. El alemán era, por supuesto, su poeta favorito, se sabía de memoria decenas de poemas, me recitó tres o cuatro allí mismo, mientras jugábamos, con una voz profunda, casi atronadora. (Págs. 90-91)

 

Estas "confluencias", como así las llama el escritor (y aprovecho para decir que me resultan un tanto forzadas cuando se incluye en ellas, como también me irrita su insistencia en contarnos qué desayunó en este hotel o qué almorzó en el otro, etc.), son sugerentes y, para quien no las conociera, proporcionan anécdotas e historias reveladoras sobre ciertos momentos de crisis vital de aquellos personajes históricos. Personajes cuya obra, la conozca uno o no, forman parte del pensamiento y la cultura (al menos, occidental) en el último siglo y medio.

Después de tanta novela negra, de tanto festival y de tanta feria, viene bien que descansemos con novelas que, sin carecer de ambición, jueguen a ofrecer algo modesto, pero diferente, de naturaleza quizá más parsimoniosa, sin personajes truculentos, tramas sangrientas o personajes embrutecidos por el alcohol, las drogas y la violencia casi sin sentido, que de tanto sinsentido me abotargan. Que pretenden indagar un poco en qué nos hace humanos y, por tanto, en qué y cómo somos mezquinos, en qué altruistas. A veces, solo hay que viajar un poco, tal vez, o tan solo pasear por los caminos que se tienden ante nosotros/as y encontrarse con personas que en su cotidianidad más o menos atribulada, más o menos satisfecha, también encierran historias que a su vez remontan a otras historias y que vayan ustedes a saber a qué abismos nos conducirán.



POLILLAS AL ANOCHECER EN RADIO GUINIGUADA
  

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