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viernes, 17 de mayo de 2024

Más libros y más feria

 Estarán gozando aquellos que abogan una y otra vez -como quienes con el socorrido auxilio de la teoría cuántica pretenden atravesar una pared a fuerza de probabilidad y empecinamiento- por establecer normativamente una estricta delimitación entre el arte y la política. La realidad es tozuda y el Festival de Eurovisión, por citar el evento más reciente y llamativo, ha venido a demostrarlo de nuevo. Por cierto, también estará contenta cierta Premio Canarias de Literatura con la persona que ha ganado este año. En fin, siempre habrá un lugar bajo el sol para la ingenuidad y otro para el tratamiento de la miopía.

Por otro lado, aun aumentando la columna de libros ("enhiesto surtidor de sombra y sueño/que acongojas el cielo con tu lanza" y tal) no leídos pero que estoy por leer en cualquier momento, etc., he recogido ayer mismo unos pocos más, que me avengo a compartir con Vds. Libros recomendados por vías variopintas y por sospechosos habituales.








-España diversa. Claves de una historia plural, de Eduardo Manzano.

-El tiempo perdido, de Clara Ramas. Sí, la misma filósofa encargada de la última edición de El 18 de Brumario de Luis Bonaparte, de Karl Marx, ya comentada (y alabada) aquí.

-Anatomía del fascismo, de Robert Paxton.

La lista que les muestro cada vez en los artículos mengua de manera progresiva, por razones obvias. Siempre me dije que yo trabajaba para poder comprarme libros, pero el tiempo ni la energía dan para todo. De todos modos, como ya saben, tengo unos cuantos más en reserva: está el fondo de armario (lo que ya se posee pero no se lee aún) y el fondo de compras (lo que no se ha comprado, pero que se espera comprar algún día).

A este respecto, el otro día leí en Twitter a un señor que anhelaba poseer toda la colección de Gredos: yo también. Y que ni siquiera hace falta leerla entera. Todos esos tomos en tapa dura de color azul oscuro... Nuestras fantasías, pienso, tienen ese color. Es innumerable la colección de clásicos de todo tipo que habría que tener, aunque solo fuera por presumir. Confieso que, en ocasiones, dejo encima de la mesa El Capital cuando se avecina alguna visita, a ver qué ocurre.

Por cierto, he terminado la colección de escenas truculentas en Trilogía sucia de La Habana, de Pedro Juan Gutiérrez. Muy bien, en general, con esa perspectiva deliberadamente  enfocada en los aspectos sórdidos de la vida cotidiana del narrador: hambre, necesidad y abulia y una perspectiva del sexo como trivial y exigente al mismo tiempo, ausente todo tipo de preciosismo o sublimación. No obstante, ya hacia al final del volumen me costaba seguir con la lectura, como si me hubiera hartado de tanta ración de miseria y de brutalidad, de contemplar a seres humanos embarrados en la mezquindad y ocupados solo por su supervivencia. No obstante, lo considero un libro valioso que desmitifica cualquier visión idealizada sobre Cuba, y entiendo todas las circunstancias geopolíticas y económicas que se puedan plantear al respecto. Nada humano es ajeno a la literatura.

Finalmente, y aunque luego me reprochen que no estoy contento con nada, no puedo evitar el compartir con Vds. esa "reivindicación del humor" que se supone va a ser el lema de la próxima feria del libro de LPGC. Reza la noticia, firmada al alimón por EFE y el inefable Victoriano Sánchez Álamo: "La 36ª edición de la Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria se celebrará en el parque de San Telmo desde el 29 de mayo hasta el 2 de junio, bajo el lema 'Humor y libros', con el objetivo de reivindicar la risa como herramienta de unión". A ver, ¿no podrían haber encontrado otra chorrada más disimulada, otro topicazo con menos grima? No resulta habitual, con las debidas excepciones, que el gremio de las/os libreros/as ni, mucho menos, el de los/as políticos muestren originalidad a espuertas, pero: ¿"Reivindicación"? ¿Es que la risa goza de mala fama? ¿Es una actividad que se realiza de manera clandestina, perseguida? ¿Dicen en el ¡Hola! que es de mal gusto? Además, "¿Risa como herramienta de unión?". Unión, ¿de qué? Propongo, así las cosas y con la misma falta de fundamentación, que el próximo año el concepto central del lema sea, digamos, el llanto: "Las lágrimas como herramienta de cohesión", "Llanto y ciudadanía: claves para un territorio macaronésico". O la caca: "La defecación como experiencia compartida", "Las heces y la Escala de Bristol como herramientas sociales de pertenencia".

Quiero creer que la mayoría de las personas lectoras no se contentan con frases trilladas -pensamiento perezoso- ni con elogios inmerecidos -reconocimiento de baratillo-. No es mucho pedir que en el marco de un evento mixto (mercantil-cultural) como una feria de libros se nos ahorren tonterías como las pronunciadas. A veces, ser parco/a en palabras está muy bien: hay otros/as que las pronuncian -y escriben- mucho mejor.



jueves, 13 de julio de 2023

Aurea mediocritas

 Todavía expectantes no solo por el futuro desenlace de las próximas elecciones generales sino, en lo que se refiere a nuestro terruño, por la composición de la jerarquía institucional en Cultura, los miembros del mundillo canario andan muditos, algunos cariacontecidos, otros esperanzados, quizá. De todos/as es conocido que al igual que la aspiración húmeda del periodista canario es formar parte del gabinete de una consejería o de un ayuntamiento, la de un miembro de la república canaria de las letras es la de disfrutar de algún tipo de sinecura, de un lugar en el Pritaneo local. Padezco la ominosa sensación de que el mundillo cultureta local está  aguardando los movimientos políticos a nivel nacional, para saber hacia dónde va la ola. Es decir, algo así como aquel que sintiera el prurito de manifestar crítica política a algún partido, hubiera decidido postergarla, no fuera a ser que aquel alcance poder el 23 de julio. Hay en juego subvenciones, ayudas, nombramientos, etc.

Por cierto, me resulta llamativo cómo aquellos hombres, que de repente se mostraron iracundos por la eclosión de una supuesta cultura de cancelación (iracundia que expelían desde grandes medios de comunicación, no lo olvidemos) se muestren tímidos y melifluos ante la censura institucional sin tapujos. Supongo que es otra de esas equidistancias que, en realidad, no son sino consentimiento de la barbarie.

No obstante, digo yo si no será una explicación de lo anterior, los indignados por el auge del feminismo y de la igualdad suelen ser escritores cuyo caudal creativo parece definitivamente agostado. Antiguas glorias, o que se quedaron en el camino, han apostado, por lo que se ve, por reconvertirse en opinadores malhumorados o en gestores culturales de lo que surja. Toda esta gente tiene todos los vicios y virtudes de la clase media, que podrían resumirse, a grandes rasgos en algo así como que mientras al individuo no le vaya del todo mal, se congratula en la aurea mediocritas; en la perenne siesta intelectual, que se confunde con tolerancia, incluso con generosidad; pero a poco que las cosas empeoren, o sienta que empeoran, encuentra dentro de sí mismo una infinita capacidad de resentimiento y hostilidad hacia los que considere sus inferiores, cabezas de turco.

En fin, ya hablaremos después de las elecciones y el panorama esté algo más despejado.

Por otro lado (ya saben que no me gusta escribir de política) podría compartir con Vds. mis nuevas adquisiciones:

-La originalidad de las vanguardias y otros mitos modernos, de Rosalind Krauss (traducción de Adolfo Gómez Cedillo).

-Todo lo que entró en crisis. Escenas de clase y crisis económica, editado por José Luis Moreno Pestaña y Jorge Costa.

-Historia falsa y otros escritos, de Luciano Canfora.

-Bisutería auténtica, de Daniel María.

-Teología política, de Carl Schmitt (traducción de Jorge Navarro Pérez, y epílogo de José Luis Villacañas).

Leído ya El 18 Brumario, de Karl Marx, con esa magnífica introducción de Clara Ramas. Por muy recurrente que sea lo de "actualidad" aquí se cumple. Léanlo y verán. Un libro clarividente y que se anticipa, entre otras virtudes, a los posteriores estudios sobre el populismo. A punto de acabar El hilo de oro, de David Hernández, puedo decir que, por un lado, impresiona la cantidad de bibliografía que uno puede sacar de este libro y la gran erudición de su autor. Por otro lado, su insistencia en el punto medio y de la moderación me irrita un poco, políticamente hablando. Es posible que la moderación no sea buena en todo momento y para todos, que solo lo sea para el que tiene mucho (o algo) que perder, pero no para los que no. En especial, para aquellos que luchan por reivindicar derechos, básicos, en muchas ocasiones. Como bien se sabe, estos se conquistan, se arrancan. Raro es que se concedan graciosamente por quien tenga la potestad o el poder. No ceder el asiento a una persona blanca en Alabama en 1955 tal vez no era un ejercicio de moderación en aquella época para protestar por la discriminación racial. Tal vez, Martin Luther King no era en absoluto un moderado. O, algo más cercano, los campesinos que en Agüimes se alzaron con violencia contra la pretensión de un noble de ocupar las tierras comunales tampoco lo eran. Citen su ejemplo preferido.

Por otro lado, y perdonen la superficialidad de mi impresión, las partes que dedica al papel de la mujer en la Antigüedad parecen congruentes con esa visión revisionista que les atribuye un papel destacado y en igualdad con los varones porque tal o cual mujer figuran en los mitos, en la literatura o porque una mujer tuvo un papel protagonista en la política, etc. Como si en la época de los Reyes Católicos, hubiese igualdad entre los sexos en Castilla porque reinaba Isabel. Asimismo, citar el 12 de octubre como la conmemoración de "una gesta indiscutible" tiene también un tufillo eurocentrista bastante decepcionante. Mi impresión es que esta obra termina por dejar a uno bastante escamado. Con lo bien que fue hasta los 3/4...




De los títulos referenciados, ya he entrado a empellones con el libro de Canfora (historiador del mundo antiguo, recuerden El mundo de Atenas, por ejemplo), que es, entre otros asuntos, una crítica al orden político italiano (y occidental) tras la crisis de 2008, y la referencia clásica a conceptos como poder, liderazgo, etc. Otro erudito. Asimismo, Todo lo que entró en crisis, con respecto a ese momento liminal histórico que fue 2008, pretende, a la manera de Bourdieu con La miseria del mundo, realizar una síntesis de análisis y entrevista de las consecuencias de la degradación de las condiciones laborales y de vida de muchos sectores de la población después de aquel fatídico año. Como también hiciera el sociólogo Richard Sennet en La corrosión del carácter. Ganas de comenzar con él.

Con respecto al libro de Krauss, llevo un par de capítulos, y lo cierto es que esta crítica de arte demuestra un nivel de análisis altísimo. De lo poco que sé del mundillo académico del arte, ella y Hal Foster son referencias inexcusables para quien quiera aprender algo de este ámbito del conocimiento y creatividad humanos. Una gozada, qué quieren que les diga. 

Poco llevo leído del libro de Daniel María, y pospongo, pues, los comentarios a una futura reseña (espero que pronto).

Teología política es donde se enuncia, creo que por primera vez: "Soberano es quien decide sobre el estado de excepción". De hecho, este libro comienza así. Es de esas lagunas que, por fin, uno se decide a rellenar y dejarse ya de referencias o glosas. Ya era hora. Para quien se interese por la política, esta obra de Schmitt y Sobre el parlamentarismo son muy importantes. Buenas críticas, pésimas soluciones. 

En fin, tengo como trescientos libros candidatos a destrozarme la cuenta corriente. Imagino que moriré sin haber leído gran parte de ellos. Pero de qué se compone la vida si no es de sueños. Pero sobre todas las demás, la gran duda que se me presenta es: ¿vale la pena a estas alturas de la vida estudiar griego clásico?