jueves, 30 de julio de 2026

Dos años después

 Así es. Dos años después, como la recaída de un adicto al café expreso, vuelvo a publicar en este blog, amigo de los niños y de los mayores con seso. Eso sí, me he desenganchado del Facebook y de Twitter (X), por lo que las publicaciones que vaya librando no tendrán ningún eco en las redes. Qué quieren que les diga: eso me relaja. Sin obligaciones, sin compromisos. Sin necesidad de un orden o de una planificación. Iré soltando cosas y ya se las apañarán Vds.

Les puedo adelantar que me he desconectado casi por completo del ecosistema libresco-cultural nuestro. Tampoco era tan difícil, por su perenne inanidad y carencia de interés salvo para espíritus arrebolados. Sé que Javier Doreste ha seguido escribiendo sus elogios literarios en La Provincia (que no he leído) y que Andrea Abreu, la autora de Panza de burro publicará en septiembre su esperada novela. Ignoro el resto, si es que lo ha habido.

He estado ocupado con otras cosas: un poco de latín, otro de griego, y un bastante de literatura grecorromana. Es increíble (quizá no tanto) descubrir lo ignorante que es uno en cuanto a la Antigüedad. Bien puede alguien medianamente culto pasarse toda la vida sin casi conocer a los autores/as de esa época. Claro que uno los conoce sin querer, en la influencia que han ejercido y ejercen en la literatura, cine, pintura, etc., pero de esa manera indirecta. Un día, de repente, tiene uno que leer a Safo, a Plauto, a Catulo o a Apuleyo y no puede sino preguntarse en qué desierto ignoto se encontraba. 



Hoy, por cierto, ha aparecido en la prensa nuestra laureada Elsa López, conocida para el gran público (no para los/as letraheridos/as) por su lamentable artículo a cuenta del rechazo que siente por los hombres travestidos (que no son hombres ni ná) que acompañaban a la cantante española participante de la Eurovisión de hace un par de años: No. Yo no soy una zorra | Sociedad | Actualidad | Cadena SER. En esta ocasión, se mostraba indignada, compungida, atribulada, etc., por la poca presencia de mujeres en el Día de las Letras Canarias: Elsa López denuncia la "ignorancia o malicia" que deja fuera a las mujeres del Día de las Letras Canarias. Ya juzgarán si tiene razón, si no la tiene o a quién le importa. Sin la consejería, es evidente, no somos naide.           

Curiosamente, también en otro periódico de hoy (Canarias7) me he encontrado un artículo de opinión de Alfonso López Torres sobre la crítica gastronómica que, si cambiamos un par de términos, valdría igual para la crítica literaria. Por último, otro artículo de opinión, en el que Cristina Maya León (artista) pone a parir los encuentros culturales de las instituciones públicas con los/las artistas: Cristina Maya León: Hablan de escuchar, pero no quieren que hablemos | Canarias7.

Al menos, parece que hay vestigios de vida inteligente, lo que no es algo desdeñable a estas alturas.

Confieso que pocas ganas tengo de escribir reseñas. Alguna caerá, en especial, de aquellas novelas que parezcan suscitar el habitual consenso mediático-empresarial-identitario basado en cuánto talento tenemos y bla, bla. Ya veremos. Lo probable es que publique entradas de mis lecturas sin un patrón fijo y sin calendario. No esperen nada y quizá reciban algo.




Ya que estamos en faena, si tuviera que hacer un recuento de lo más significativo que he leído últimamente, me saltan a la mente la saga Vorkosigan, de Lois McMaster Bujold, los Diarios de Matabot, de Martha Wells o El archivo de atrocidades, de Charles Stross, en la parte más lúdica y de sólo quiero pasármelo bien. Ya en otro estrato, más difícil, pero con sus propias compensaciones y gozos característicos, la Eneida, de Virgilio, por ejemplo. Asimismo, impresionan (a esta edad tardía mía) las Catilinarias, de Cicerón. A la sazón, disfruté de un ensayo sobre el descubrimiento de un manuscrito (De rerum natura, de Lucrecio) y sus repercusiones en el mundo intelectual europeo del Medievo: El giro, de Stephen Greenblatt (traducción de Juan Rabasseda y Teófilo de Lozoya), en Crítica. De lo que me vaya acordando, iré dejando constancia por aquí. Es posible que tenga veinte libros a medio leer que acabaré a cuentagotas.

En fin, les dejo. Los reencuentros deben ser breves para que no empalaguen.


                                                               


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